miércoles, 23 de mayo de 2012
Los niños y los síntomas del siglo XXI * - Tercera parte
*Por Graciela Giraldi (
Psicoanalista - Miembro de la EOL y AMP)
¿Pero cómo son los chicos y
las familias que hoy nos llegan al consultorio, con qué dificultades del lazo
nos encontramos, y cuáles son las nuevas formas en que se manifiestan los
síntomas de los niños y adolescentes? Observamos que los calladitos y
reprimidos niños de anteriores épocas se transformaron en chicos parlanchines,
sin miedos, desatados y hasta desafiantes muchas veces ante la autoridad de los
adultos, lo que se manifiesta en el lazo con su pediatra y maestro.
El lugar del ideal que antes
ocupaba el niño para sus padres rotó al lugar del niño como objeto de goce de
la madre, de la familia y de la civilización. Estos niños "Amos"
fascinan por un lado a los mayores porque parecen saber lo que quieren, pero
por otro lado inspiran miedo a sus padres, quienes se muestran impotentes para
ponerles límites. Los dejan pasarse de revoluciones en su excitación, y en
ocasiones le piden al neurólogo que los medique por hiperactivo.
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Psicoanálisis y psicoterapias
miércoles, 16 de mayo de 2012
Los niños y los síntomas del siglo XXI * - Segunda parte
*Por Graciela Giraldi (
Psicoanalista - Miembro de la EOL y AMP)
Desde las neurociencias y
las psicoterapias cognitivistas y del adiestramiento de la conducta, la salud
mental se organiza excluyendo la subjetividad del paciente. De allí que se
quiera abortar al síntoma: anorexia, bulimia, problemas de aprendizaje escolar,
adicciones tóxicas, fenómenos psicosomáticos, angustia de pánico, autismo
infantil, degradándolo a un trastorno (TDAH, TOC, síndrome de Asperger) a una
disfunción o a alteraciones de la conducta, de la inteligencia, de la alimentación,
etcétera.
Dichos rótulos sobre los
fenómenos disfuncionales, al prescindir de la interrogación al niño sobre su
padecimiento, no son diagnósticos, en tanto el arte de diagnosticar se apoya en
el caso por caso.
Como al niño lo traen sus
padres a la consulta, ellos nos hablan angustiados o desesperados sobre lo que
consideran el síntoma de su hijo. Pero también tendremos que localizar qué dice
el niño sobre cuál es su padecimiento.
La otra cara del buen uso
del síntoma se pone en evidencia, por ejemplo, en el médico que no puede dejar
de atender a sus pacientes, porque su querer curar es más fuerte que él mismo.
O del niño que se traga los libros de cuentos, del joven que practica con
pasión un deporte, etcétera.
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Psicoanálisis y psicoterapias
viernes, 11 de mayo de 2012
Los niños y los síntomas del siglo XXI * - Primera parte
*Por Graciela Giraldi (
Psicoanalista - Miembro de la EOL y AMP)
¿Qué es la salud mental? Si
bien la Organización Mundial de la Salud no dispone de una definición oficial
científica, sí opone los términos de la salud mental a las enfermedades
nerviosas. En la perspectiva psicoanalítica la salud mental no existe, en tanto
los humanos estamos marcados en nuestro cuerpo y en nuestros pensamientos por
las palabras, nos sostenemos en la vida con nuestros pequeños delirios, y sin
llegar a ser psicóticos estamos todos un poco locos.
Según se aborde la cuestión
del síntoma en los niños, se puede aliviarlo a cronificarlo. Es común que si un
chico presenta problemas en la escuela se diga apresuradamente: síndrome de
hiperactividad, sin que nadie le pregunte antes al niño: ¿qué te está pasando?
En cambio, se medica y re-educa a todos los niños por igual.
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Psicoanálisis y psicoterapias
miércoles, 2 de mayo de 2012
LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Última parte
*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico
Cuando se intenta predicar una armonía del consumo, en términos de libre acceso a los objetos (el llamado libre juego de la economía), no se trata aquí ciertamente, de la posición del científico neutral, que partiendo de la forclusión del sujeto busca despejar un real, un real específico del cual intenta apoderarse. Se trata de una posición ideológica, pletórica de subjetividad no admitida como tal, que procura un retorno a un ideal imposible, el de una cultura sin malestar que se juega en un uso ilimitado del mundo, un “paraíso” virtual sin esfuerzos, ni dificultades. Frente a ésta ideología se ubican los desadaptados, los que no cumplen con las expectativas que los “expertos” sueñan. El aplastamiento de la diferencia y la compulsión al consumo, producen una violencia que implica el retorno del malestar en la cultura, de la peor forma. No se trata aquí de la sublimación, de los cambios, de las reformulaciones, sino del rechazo liso y llano, de la destrucción de los lazos por la destrucción misma, como una respuesta al malestar en sí misma. Es la paradoja del “todos consumidores”, y al mismo tiempo “el que no consume no existe”. El desafío del psicoanálisis es ofrecer un modo de soportar la inconsistencia del Otro, sin ceder al llamado al consumo despiadado de objetos de consumo, que implica una consumición violenta del sujeto.
La época, sin lugar a dudas produce una clínica, un modo de pensar la perturbación, de diagnosticarla y de tratarla. En el campo de lo psíquico no hay inmutables, lo que en la Edad Media era designado como conducta “piadosa”, hoy puede ser considerado un delirio místico; lo que en otro momento era parte de lo comunitario, de lo aceptado socialmente, hoy puede ser “desadaptativo” , o a la inversa. Que la violencia sea cotidiana, induce a la pregunta por la cultura que le da origen, que la produce, mas allá de la conmiseración, o de la queja vana.
Referencias bibliográficas:
Aleman J.: Benetton, el horror, en “Cuestiones Antifilosóficas en Jacques Lacan”, Pág. 47, Buenos Aires: Atuel, 1993.
Zizek S.: La suspensión política de la ética”, Pág. 14, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2005.
Agamben G.: Profanaciones, Pág. 103, Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2005.
Esposito R.: Bios, Buenos Aires, Ed. Amorrortu, 2006.
Agamben G.: Estado de Excepción, Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2004.
Laurent E.: El Nombre del Padre: psicoanálisis y democracia, en el libro Jacques Lacan Política y Psicoanálisis, Pág. 70, Buenos Aires: Ed. Nueva Visión, 2006.
Foucault M.: Seguridad, territorio, población, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2006.
Miller J-A: Una Fantasía, en Revista Lacaniana, Año 3 Nº3, Pág, 14, Buenos Aires: Ed. EOL, 2005.
Freud S.: Malestar en la Cultura, en O.C., T. XXI, Pág. 85, Buenos Aires: Ed. Amorrortu, 1979.
Según la expresión diagnostica del DSM IV (clasificación de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association).
Cuando se intenta predicar una armonía del consumo, en términos de libre acceso a los objetos (el llamado libre juego de la economía), no se trata aquí ciertamente, de la posición del científico neutral, que partiendo de la forclusión del sujeto busca despejar un real, un real específico del cual intenta apoderarse. Se trata de una posición ideológica, pletórica de subjetividad no admitida como tal, que procura un retorno a un ideal imposible, el de una cultura sin malestar que se juega en un uso ilimitado del mundo, un “paraíso” virtual sin esfuerzos, ni dificultades. Frente a ésta ideología se ubican los desadaptados, los que no cumplen con las expectativas que los “expertos” sueñan. El aplastamiento de la diferencia y la compulsión al consumo, producen una violencia que implica el retorno del malestar en la cultura, de la peor forma. No se trata aquí de la sublimación, de los cambios, de las reformulaciones, sino del rechazo liso y llano, de la destrucción de los lazos por la destrucción misma, como una respuesta al malestar en sí misma. Es la paradoja del “todos consumidores”, y al mismo tiempo “el que no consume no existe”. El desafío del psicoanálisis es ofrecer un modo de soportar la inconsistencia del Otro, sin ceder al llamado al consumo despiadado de objetos de consumo, que implica una consumición violenta del sujeto.
La época, sin lugar a dudas produce una clínica, un modo de pensar la perturbación, de diagnosticarla y de tratarla. En el campo de lo psíquico no hay inmutables, lo que en la Edad Media era designado como conducta “piadosa”, hoy puede ser considerado un delirio místico; lo que en otro momento era parte de lo comunitario, de lo aceptado socialmente, hoy puede ser “desadaptativo” , o a la inversa. Que la violencia sea cotidiana, induce a la pregunta por la cultura que le da origen, que la produce, mas allá de la conmiseración, o de la queja vana.
Referencias bibliográficas:
Aleman J.: Benetton, el horror, en “Cuestiones Antifilosóficas en Jacques Lacan”, Pág. 47, Buenos Aires: Atuel, 1993.
Zizek S.: La suspensión política de la ética”, Pág. 14, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2005.
Agamben G.: Profanaciones, Pág. 103, Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2005.
Esposito R.: Bios, Buenos Aires, Ed. Amorrortu, 2006.
Agamben G.: Estado de Excepción, Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2004.
Laurent E.: El Nombre del Padre: psicoanálisis y democracia, en el libro Jacques Lacan Política y Psicoanálisis, Pág. 70, Buenos Aires: Ed. Nueva Visión, 2006.
Foucault M.: Seguridad, territorio, población, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2006.
Miller J-A: Una Fantasía, en Revista Lacaniana, Año 3 Nº3, Pág, 14, Buenos Aires: Ed. EOL, 2005.
Freud S.: Malestar en la Cultura, en O.C., T. XXI, Pág. 85, Buenos Aires: Ed. Amorrortu, 1979.
Según la expresión diagnostica del DSM IV (clasificación de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association).
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Violencia
miércoles, 25 de abril de 2012
LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Quinta parte
*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico
La idea de un ideal basado en una armonía homogénea, que pone el énfasis en la adaptación compulsiva a dicha armonía, requiere de una cultura solidaria del “estado de excepción”, de las medidas excepcionales a favor de un acuerdo imposible e inexistente, que en los hechos produce una sociedad que controla los cuerpos y sus modos de existencia, al modo de lo que Michel Foucault llamaba “la sociedad del biopoder” .
El acento adaptativo corresponde a la época del ascenso del objeto a al cenit social, como la imagen del objeto a que comanda, eso falla, como lo señala Jacques-Alain Miller . Es el modo sintomático de predicar un orden que ya se sabe fracasado. Se trata de un pretendido ateoricismo (“los mercados funcionan solos”) que se sostiene en un cinismo disfrazado de cientificismo, cuando la intención es borrar de la cultura el malestar que conlleva por instituirse como tal, el malestar que le es inherente por “insuficiencia de las normas” que rigen las relaciones entre las personas.
La idea de un ideal basado en una armonía homogénea, que pone el énfasis en la adaptación compulsiva a dicha armonía, requiere de una cultura solidaria del “estado de excepción”, de las medidas excepcionales a favor de un acuerdo imposible e inexistente, que en los hechos produce una sociedad que controla los cuerpos y sus modos de existencia, al modo de lo que Michel Foucault llamaba “la sociedad del biopoder” .
El acento adaptativo corresponde a la época del ascenso del objeto a al cenit social, como la imagen del objeto a que comanda, eso falla, como lo señala Jacques-Alain Miller . Es el modo sintomático de predicar un orden que ya se sabe fracasado. Se trata de un pretendido ateoricismo (“los mercados funcionan solos”) que se sostiene en un cinismo disfrazado de cientificismo, cuando la intención es borrar de la cultura el malestar que conlleva por instituirse como tal, el malestar que le es inherente por “insuficiencia de las normas” que rigen las relaciones entre las personas.
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Biopolítica,
Violencia
miércoles, 18 de abril de 2012
LA VIOLENCIA COTIDIANA* - Cuarta parte
*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico
¿Cómo son los vínculos humanos en el “Estado de Excepción”? El “estado de excepción” abre a la arbitrariedad de la ley, y así, consuma su esencia: la ley es, por definición, en esencia arbitraria. Se trata de un ideal superyoico que fuerza a una supuesta armonía, bajo la consigna de que si en la democracia todo puede expresarse, esto, eventualmente, debe ser defendido con medidas de excepción, que impiden (por fuerza), esa misma expresión. Es la paradoja que denuncia Freud en el “Malestar en la Cultura”: la paz se preserva con la sangre.
Como lo señala Eric Laurent: “Así pues, lejos de asistir a la expansión de una política entendida como mecanismo de arbitraje y respeto a las normas, vemos expandirse el estado de excepción.” Para Slavoj Zizek, la imagen última del tratamiento actual del homo sacer, es un avión de guerra sobrevolando el cielo, del cual no se está seguro que va a caer: bombas o paquetes de comida . Esta observación es tomada de la guerra de Afganistán, cuando luego, o antes, de un bombardeo, pasan aviones norteamericanos que dejan caer medicamentos y provisiones (“reparan” el daño que otros aviones norteamericanos han hecho).
El estado de excepción es, en definitiva, para la preservación y expansión de los bienes. El discurso capitalista, tal como Jacques Lacan lo enuncia, es un dispositivo para, por medio del saber científico, promover la producción de objetos, objetos de consumo. Ante cualquier desperfecto (guerras, hambre, diferencias culturales, etc.), la máquina de producción de objetos restablece su objetivo principal. No se trata aquí de estigmatizar la actividad mercantil, desde una posición que podría pensarse como romántica, sino de advertir las consecuencias en la cultura de situar el lazo de discurso en función de la producción de objetos. Se trata de la maquina que no para, desencadenada, desligada del Otro. En la mayoría de los homicidios actuales la vida de la víctima se interpone respecto de la apropiación violenta de los objetos, por tanto la vida pasa a segundo plano respecto del uso de los objetos. No son homicidios pasionales, o por venganza, o políticos, etc. Al menguar las grandes convicciones de la modernidad, cambian los móviles de la violencia cotidiana. Por otra parte, también es casi un lugar común decir que en la delincuencia se han perdido los “códigos”, la violencia arbitraria es una constante.
¿Cómo son los vínculos humanos en el “Estado de Excepción”? El “estado de excepción” abre a la arbitrariedad de la ley, y así, consuma su esencia: la ley es, por definición, en esencia arbitraria. Se trata de un ideal superyoico que fuerza a una supuesta armonía, bajo la consigna de que si en la democracia todo puede expresarse, esto, eventualmente, debe ser defendido con medidas de excepción, que impiden (por fuerza), esa misma expresión. Es la paradoja que denuncia Freud en el “Malestar en la Cultura”: la paz se preserva con la sangre.
Como lo señala Eric Laurent: “Así pues, lejos de asistir a la expansión de una política entendida como mecanismo de arbitraje y respeto a las normas, vemos expandirse el estado de excepción.” Para Slavoj Zizek, la imagen última del tratamiento actual del homo sacer, es un avión de guerra sobrevolando el cielo, del cual no se está seguro que va a caer: bombas o paquetes de comida . Esta observación es tomada de la guerra de Afganistán, cuando luego, o antes, de un bombardeo, pasan aviones norteamericanos que dejan caer medicamentos y provisiones (“reparan” el daño que otros aviones norteamericanos han hecho).
El estado de excepción es, en definitiva, para la preservación y expansión de los bienes. El discurso capitalista, tal como Jacques Lacan lo enuncia, es un dispositivo para, por medio del saber científico, promover la producción de objetos, objetos de consumo. Ante cualquier desperfecto (guerras, hambre, diferencias culturales, etc.), la máquina de producción de objetos restablece su objetivo principal. No se trata aquí de estigmatizar la actividad mercantil, desde una posición que podría pensarse como romántica, sino de advertir las consecuencias en la cultura de situar el lazo de discurso en función de la producción de objetos. Se trata de la maquina que no para, desencadenada, desligada del Otro. En la mayoría de los homicidios actuales la vida de la víctima se interpone respecto de la apropiación violenta de los objetos, por tanto la vida pasa a segundo plano respecto del uso de los objetos. No son homicidios pasionales, o por venganza, o políticos, etc. Al menguar las grandes convicciones de la modernidad, cambian los móviles de la violencia cotidiana. Por otra parte, también es casi un lugar común decir que en la delincuencia se han perdido los “códigos”, la violencia arbitraria es una constante.
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Biopolítica,
Violencia
miércoles, 11 de abril de 2012
LA VIOLENCIA COTIDIANA* - tercera parte
*Pablo Fridman (AP- EOL) – Artículo publicado en el Aperiódico Psicoanalítico
Los proyectos biopolíticos, o sea los que ponen la política al servicio de “como se debe vivir”, generan proyectos llamados tanatopolíticos , que matan por el “como se debe vivir” a los que no cumplen con los designios establecidos (es matar por el bien vivir, paradójicamente). Se trata de absolutizar, y normatizar, de hacer un “para todos” del criterio de lo que significa para cada uno “vivir bien”, haciendo de esta variable, una norma general. Es un ejemplo paradigmático extremo de estas premisas el proyecto nazi, que debe eliminar a los “impuros” para curar de su sola presencia a la sociedad alemana, para restablecer la pureza perdida. Es una lógica similar la que ha detentado el Proceso Militar en la Argentina, donde la idea ha sido la “aniquilación” del enemigo, a tal punto de sustraer, de secuestrar indefinidamente, a los hijos de las víctimas: había que hacer desaparecer todo rastro del otro. Aun así existen diferencias entre los proyectos tanatopolíticos del tipo nazi (que buscan por medio de la extinción de algunos la preservación de la pureza), de los proyectos tanatopolíticos actuales: las guerras preventivas por seguridad (que por la vía de una supuesta defensa del terrorismo, apuntan a la expansión de mercados económicos globales).
Lo paradójico de la época actual es que simultáneamente a una compulsión a la adaptación a un orden general, globalizado, se genera un continuo “estado de excepción” (como el mismo Giorgio Agamben lo destaca ), lo que implica arrasar las particularidades subjetivas. El estado de excepción, más que una simple laguna normativa, es la apertura de un vacío legal que se convierte en norma. Es la suspensión de las leyes en función de un objetivo aparentemente superior, como, por ejemplo, las guerras, los golpes de estado, etc. El objetivo superior, las necesidades expansivas, no se detienen por el pacto de las leyes, por el contrario, la legalidad es un estorbo.
Los proyectos biopolíticos, o sea los que ponen la política al servicio de “como se debe vivir”, generan proyectos llamados tanatopolíticos , que matan por el “como se debe vivir” a los que no cumplen con los designios establecidos (es matar por el bien vivir, paradójicamente). Se trata de absolutizar, y normatizar, de hacer un “para todos” del criterio de lo que significa para cada uno “vivir bien”, haciendo de esta variable, una norma general. Es un ejemplo paradigmático extremo de estas premisas el proyecto nazi, que debe eliminar a los “impuros” para curar de su sola presencia a la sociedad alemana, para restablecer la pureza perdida. Es una lógica similar la que ha detentado el Proceso Militar en la Argentina, donde la idea ha sido la “aniquilación” del enemigo, a tal punto de sustraer, de secuestrar indefinidamente, a los hijos de las víctimas: había que hacer desaparecer todo rastro del otro. Aun así existen diferencias entre los proyectos tanatopolíticos del tipo nazi (que buscan por medio de la extinción de algunos la preservación de la pureza), de los proyectos tanatopolíticos actuales: las guerras preventivas por seguridad (que por la vía de una supuesta defensa del terrorismo, apuntan a la expansión de mercados económicos globales).
Lo paradójico de la época actual es que simultáneamente a una compulsión a la adaptación a un orden general, globalizado, se genera un continuo “estado de excepción” (como el mismo Giorgio Agamben lo destaca ), lo que implica arrasar las particularidades subjetivas. El estado de excepción, más que una simple laguna normativa, es la apertura de un vacío legal que se convierte en norma. Es la suspensión de las leyes en función de un objetivo aparentemente superior, como, por ejemplo, las guerras, los golpes de estado, etc. El objetivo superior, las necesidades expansivas, no se detienen por el pacto de las leyes, por el contrario, la legalidad es un estorbo.
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